En dos minutos
Un garaje cerrado es dinero parado.
La mayoría de los garajes están cerrados a cal y canto y medio vacíos casi todo el día: el del hotel se llena solo algunas noches, el de la comunidad tiene plazas de gente que no coge el coche entre semana, el de la oficina se queda desierto a las siete de la tarde. Mientras tanto, a la vuelta de la esquina hay conductores dando vueltas buscando sitio.
FlexPark hace dos cosas: convierte la puerta en algo que se abre desde el móvil —se acabaron los mandos, las tarjetas y bajar a abrir— y pone en el mercado las horas en que tus plazas están vacías, con nosotros ocupándonos de los conductores, del precio, del cobro y de las incidencias.